En el Día Mundial de la Población: Una reflexión desde los Derechos Sexuales y Derechos Reproductivos de las Mujeres Imprimir

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En 1989, el Consejo de Administración del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), en su decisión 89/46, recomendó que el 11 de julio se considerase como el “Día Mundial de la Población”. Ese día esta centrada la atención alrededor de la urgencia e importancia que ameritan las cuestiones de población, particularmente en el contexto de los programas y planes generales de desarrollo, y en la necesidad de encontrar soluciones a estos problemas.

En el Día Mundial de la Población se reafirma el derecho que tienen las personas para planificar sus familias. Lo que impulsa actividades, eventos y difusión de información que ayuden a hacer real este derecho, principalmente para aquellos con mayor dificultad para acceder a la información y a los servicios necesarios para planificar sus familias, lo cual esta planteado desde el enfoque de pobreza. 

Sin embargo en los debates actuales acerca del impacto de las políticas de población en las mujeres, el concepto de derechos reproductivos y sexuales recobra cada día mas fuerza, llegando a generar mucha más discusión y debate que en el pasado.

Desde el feminismo, se cuestiona la facilidad con que las personas defensoras para reducir la fecundidad han adoptado el discurso de los derechos sexuales y reproductivos para lograr los propósitos de sus propias agendas, ya que en esta ni la salud de las mujeres, ni su empoderamiento están contemplado como tales.

Lo que las feministas plantearon a finales de los años setenta y principios de los ochenta a lo largo de Asia, América Latina, Europa y Norteamérica desde sus movimientos centrados a favor de la salud de las mujeres fue lograr que las mujeres, tuvieran la posibilidad para determinar sus propias vidas reproductivas y sexuales en condiciones de optima salud y bienestar económico y social, reivindicación que tuvo lugar en los movimientos feministas del control de la natalidad que se desarrollaron por lo menos desde 1830.

Pero fue en Holanda, en 1979 con la necesidad de que se considerara como un derecho, la reproducción, lo que resulta profundamente radical. Este hecho esta asociado a la creación de la Red mundial por la defensa de derechos reproductivos de las mujeres. Lo que se planteaba en ese momento era la necesidad de reconocer que toda persona tiene el derecho a decidir si quiere tener descendencia o no, y cuanta. Sin embargo, la mayor parte de los documentos internacionales y nacionales se quedan con el cuantos y cuando, pero poco se dice explícitamente que toda persona tiene el derecho a tener o no descendencia.

En la actualidad más que definir una política de población a secas, es necesario desde esta definir el terreno de los derechos reproductivos y sexuales en términos de poder y de recursos: poder tomar decisiones informadas acerca de nuestra propia fecundidad, de tener descendencia, de criarles, de la salud ginecológica y de la actividad sexual, además de los recursos para poder llevar a cabo tales decisiones de manera segura y efectiva. Este ámbito pasa por tomar en cuenta algunas nociones básicas como “la integridad corporal” o el “control sobre nuestro cuerpo”.

Además supone la forma de relación con nuestras propias descendencias, con nuestras parejas sexuales, con las integrantes de nuestras familias, con nuestras comunidades, con las personas que proveen la atención en salud y con la sociedad en general, en otras palabras es decir que el cuerpo existe en un universo mediado socialmente.

Cuando las feministas definieron derechos reproductivos en 1979 y enfatizaron el derecho a decidir si se quiere tener descendencia o no, especificaron además que esto no depende del sexo de la persona, ni de la nacionalidad, ni de la etnia, ni la escolaridad, ni del grupo social al que pertenecen, ni de ninguna otra característica. Es decir, que no hay una condición para poder desautorizar esa decisión, pues se planteaba que toda persona teni¬a este derecho. O sea, una condición de posibilidad detrás de la formulación del derecho es cuestionar cualquier tipo de exclusión tanto de genero como de cualquier otra índole, ya que si alguien no tiene derecho a decidir porque es pobre, analfabeto o porque tiene una característica determinada, de alguna manera se le esta excluyendo del derecho.

Por lo mismo, son muchos los esfuerzos que desde hace muchos años, en el ámbito de los derechos reproductivos han tenido efecto para que se reconozca como un derecho de toda persona, y sea que reconocido como un derecho humano. Al alcanzar el nivel de derecho humano, se puede interpretar como un derecho que tiene toda persona por el simple y sencillo hecho de ser humano, sea mujer u hombre.

San Salvador, 11 de julio del 2012